Olayinka H. Babalola, Presidente de Rotary International 2026-2027

Marcado por su tierra natal, el presidente Yinka lleva consigo el espíritu dinámico de Nigeria al liderazgo de Rotary

El camino de Babalola hacia el liderazgo comenzó a una temprana edad. Es el mayor de seis hermanos, nacido en Ibadán, una de las ciudades más grandes de Nigeria. Su madre era maestra y su padre, contador. «De donde vengo, ser el primogénito conlleva ciertas responsabilidades de liderazgo», afirma. 

 

Estudió en la que entonces era la Federal University of Technology en Bauchi, una ciudad del norte con diversidad étnica y donde los bosques de la sabana nigeriana dan paso al Sahel semiárido, en la frontera del Sahara. Durante su segundo año de universidad, el director de imagen pública de la institución, socio del Club Rotario de Bauchi, le preguntó si le gustaría ayudar a constituir un club Rotaract. Babalola se convirtió en el presidente fundador del club. 

 

Tras obtener su título en ingeniería electrónica, Babalola estuvo un año en el Cuerpo Nacional de Servicio Juvenil. Guiados por el norte de cerrar las brechas étnicas y religiosas, los integrantes del cuerpo prestan servicio en otros estados fuera del propio. A Babalola lo asignaron a Port Harcourt, en el estado de Rivers, donde el fabricante de neumáticos Michelin, de origen francés, había hecho un llamamiento a ingenieros electrónicos para que le ayudaran a modernizar sus equipos.

Antes de llegar a Port Harcourt, Babalola se reunió con otros integrantes del cuerpo nacional, recientemente incorporados también, en un campamento de orientación. Se le ocurrió que, dado que todos acababan de salir de la universidad, seguramente en el grupo habría algunos socios de Rotaract. Puso un cartel y los reunió a todos. «Estando en el campamento, creamos una pequeña agrupación de Rotaract», recuerda.

 

Luego, ya en Port Harcourt, Babalola se unió al Club Rotaract de Trans Amadi, una zona industrial de la ciudad donde estaba la fábrica de Michelin. Acompañado de otros integrantes de la agrupación Rotaract, trabajó como voluntario en un centro para niños con discapacidades que recibía el apoyo del Club Rotario de Port Harcourt.

 

Una vez finalizado el servicio obligatorio, Babalola consiguió trabajo en la filial nigeriana de la empresa petrolera Shell. Con apenas veintitantos años, empezaba a sentirse demasiado mayor para su club Rotaract; su trabajo le permitía ganar más que otros de su edad. Pensó que el siguiente paso lógico era unirse a Rotary, donde podría inspirarse en los socios mayores que habían alcanzado el éxito. «Quería estar en un lugar donde pudiera aspirar a otras cosas», comparte.

 

Pero cuando fue a una reunión del Club Rotario de Trans Amadi y dijo que quería afiliarse, los socios del club se quedaron atónitos.  Un rotario estalló: «¿Qué le pasa a este joven? ¿Crees que así es como te unes a Rotary?»  Pero otro rotario se ofreció a ser su padrino, convirtiéndose más tarde en su mentor. «Si ese hombre no hubiera hablado a mi favor, tal vez no estaría aquí», reflexiona Babalola. «Podría haberme ido de allí y nunca haber considerado unirme a Rotary, y eso habría sido el final de todo».

 

En Rotary, Babalola encontró la guía profesional de varios mentores, entre ellos, el director de operaciones de Shell Nigeria. «Hay algunas personas que, cuando ves su firma en una carta dirigida a ti, eso solo puede significar dos cosas: o te han ascendido o te han despedido», dice. «Así era él». Otro ejecutivo del sector petrolero en Nigeria también le tendió la mano a Babalola cuando falleció su padre.

 

Por sobre todas las cosas, Babalola encontró un lugar donde crecer. «A los 27 años, con algo de dinero en el bolsillo, estando soltero, siendo un muchacho aún... te puedes imaginar el tipo de cosas que se te cruzan por la cabeza», relata. «Pero como formaba parte de Rotary, eso no me pasó. Ahí se hablaba de impuestos, de presupuestos. Se hablaba de bienes raíces, de oportunidades de inversión. De repente, también, alguien podía ponerse a explicar qué convenía que hicieras con tu dinero».

 

Gracias a Rotary, Babalola también conoció a su esposa, Precy, la primera mujer en ocupar el cargo de presidenta en el club Rotaract de su universidad en Port Harcourt. Tras tomarse una pausa de Rotary durante los primeros años de sus hijos, se reincorporó en 2018. Actualmente ejerce como abogada y es socia del Club Rotario de Port Harcourt Passport.

 

«Aunque nuestras historias como socios sean diferentes, el impacto que Rotary tiene en nuestra vida es palpable en múltiples aspectos: en el ámbito profesional, en nuestros emprendimientos y en la vida familiar», afirma Yinka Babalola. «Si hablas con cualquier rotario, verás que siempre hay una historia detrás, algo que lo llamó a quedarse».  a